El 29 de marzo de 1951, una explosión en la mina de San Eduardo, Neuquén, cambió la vida de sus habitantes. Adriano Alarcón, que tenía solo seis años, aún recuerda la tragedia; su madre los evacuó mientras veían llamas y escombros. San Eduardo era entonces un próspero pueblo con más de 2,000 residentes, un lugar de trabajo y comunidad. Nuria San Martín, quien llegó en 1945, recuerda cómo todo se derrumbó tras la explosión que dejó mineros atrapados y una nube de luto que persistió. Con la tragedia, muchos se trasladaron a otros lugares, y la escuela que fue un pilar comunitario se cerró. A 75 años de este evento, el recuerdo sigue vivo, impulsando a las nuevas generaciones a mantener la memoria de un pueblo que ya no existe.
A 75 años de la explosión en la mina San Eduardo, recordamos su impacto en la comunidad.
