En el paraje Paila Leche, en el norte de Neuquén, Lucía Guerrero y su familia mantienen viva la tradición de la producción artesanal de queso de cabra. A pesar de las dificultades del clima y la lejanía, Lucía trabaja con dedicación, heredando conocimientos de su madre y produciendo entre 30 y 40 kilos de queso al mes. Su esfuerzo no solo representa una fuente de ingresos, sino también una forma de resistencia y orgullo cultural. Lucía aspira a aumentar su producción y siente profunda satisfacción al ver reconocida la calidad de sus quesos en la comunidad. Cada horma es un reflejo de su historia familiar y del amor por la vida rural.